Por Edgar Fernando Fernández Villa
Este trabajo documenta los hechos ocurridos el 5 de septiembre de 2024 en Xochimilco y Tlalpan, Ciudad de México, cuando una manifestación fue atacada por un grupo de civiles y posteriormente reprimida por elementos de la SSC, resultando en detenciones arbitrarias de las personas manifestantes, agresiones físicas y psicológicas, y múltiples violaciones al debido proceso y de derechos humanos.
A partir de los testimonios de violencia vivida y percibida por cinco personas —Max Negrete, comunicador comunitario; José Meza, estudiante y periodista; Tori Karnala, persona trans no binaria; Anarka Rotulista, activista y artista; Isabel Valencia, perteneciente a la comunidad Otomí Residente en la CDMX— se reconstruye una crónica de los hechos.
La tortura no es legal. Nunca
Desde una perspectiva legal, ética y política, la tortura constituye una de las violaciones más graves a los derechos humanos. En el caso mexicano, a pesar de contar con un amplio andamiaje normativo que prohíbe categóricamente esta práctica, su persistencia en contextos de represión, investigación penal y control territorial revela una brecha profunda entre la norma y su cumplimiento efectivo. Este capítulo da un panorama del marco legal e institucional que rige la obligación del Estado mexicano de prevenir, investigar, sancionar y reparar los actos de tortura.
La SCJN ha sostenido reiteradamente que los tratados internacionales en materia de derechos humanos tienen rango constitucional y que en lo general versan sobre:
- La prohibición de la tortura es absoluta y no admite excepciones.
- La tortura basada en razón de género, orientación sexual o identidad de género puede constituir una forma agravada.
- Las pruebas obtenidas mediante tortura carecen de validez legal.
- La omisión, la encubridora o la falta de investigación constituyen responsabilidad directa del Estado.
México cuenta con un marco legal robusto en materia de prohibición de la tortura. Sin embargo, su persistencia, revela una crisis.
En el Informe Anual 2021 de Actividades del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura, en los Resultados de las entrevistas aplicadas por el MNPT a las personas privadas de la libertad en separos municipales por faltas administrativas, dieron por resultado que al menos de las 60 personas entrevistadas el 50% comentó haber sido víctima de alguna forma de abuso por parte de las autoridades.
Aproximadamente el 30 % de las personas comentaron traumatismo por golpes, el 23.33 % humillaciones, 13.33 % tortura por posición, 10% lesiones por aplastamiento, 3.33 % amenazas de muerte, daños a la familia, 3.33% asfixia.
Mientras que en el informe de Resultados de las entrevistas aplicadas a las personas privadas de la libertad en Fiscalías y Procuradurías Generales de Justicia de las entidades federativas y Delegaciones de la Fiscalía General de la República
Al 89% se le colocó esposas durante su traslado y o detención, el 23% sufrió alguna lesión por la colocación de las esposas, otro 23% se le obligó a mantener posturas forzadas, al 5% se le vendaron los ojos, el 27% sufrió alguna agresión física o moral, mientras que al 32% se le trató con insultos y amenazas.
Con base en el artículo 1º de la Constitución, todas las autoridades mexicanas están obligadas a respetar y garantizar los derechos humanos reconocidos en la Carta Magna y en los tratados internacionales de los que México es parte. Esto implica:
Prevenir: mediante controles institucionales, transparencia y formación a cuerpos de seguridad.
Investigar: toda denuncia de tortura debe generar una acción inmediata, independiente e imparcial.
Sancionar: los responsables deben recibir sanciones proporcionales, sin importar su rango o función.
Reparar: garantizar la restitución, compensación, rehabilitación y garantías de no repetición para las víctimas.
El marco constitucional reafirma que la tortura no puede ser justificada bajo ninguna circunstancia, ni siquiera en contextos de represión, emergencia o protesta social.
De la Casita de las Ciencias a la criminalización comunitaria
Xochimilco se comenzó a habitar cerca del año 1352 por tribus nahuas provenientes de Chicomostoc, en ese entonces proporcionó a sus habitantes un sustento agrícola, lo que les proveía de alimento y productos para el trueque. 1

Su economía se ha basado y se sigue manteniendo en gran medida gracias al cultivo que se realiza a través de la técnica denominada Chinampas. Las chinampas son pequeñas estructuras de tierra y palos que son asentados desde el fondo del lago hasta su superficie, logrando así una siembra similar a la hidropónica.
San Gregorio es un pueblo originario de la Ciudad de México, ubicado en la demarcación de Xochimilco. Es uno de los pueblos originarios, de origen prehispánico, de nuestra demarcación. Se ha tenido noción de investigaciones que han mostrado que esta población tiene presencia desde aproximadamente el 900 d.C. Tras la invasión española, se fundó oficialmente el pueblo San Gregorio de Acapulco, después Atlapulco
San Gregorio es un pueblo chinampero ubicado en la zona sur de lo que sería el lago Xochimilco. Y desde la época prehispánica, desde entonces se ha mantenido como un pueblo chinampero, agrícola, agricultor, y tanto en la zona de la Chinanpería como en la zona cerril, se ha mantenido la tradición de la agricultura, y con ello pues algunos oficios que ello implica”
Testimonio de Max Negrete.

Se mantuvo como un territorio fuera del Distrito Federal hasta el año de 1929, ya que con la Ley Orgánica del Distrito y de los Territorios Federales, se reconoció en el artículo cuarto a Xochimilco como una de las dieciséis delegaciones del Distrito Federal, hoy Ciudad de México.
A pesar de los cambios sociales que se han tenido, Xochimilco aún conserva muchas de sus tradiciones como las fiestas de los barrios, las fiestas de los santos, el día de muertos y sus grupos de danza y estudio de la cultura náhuatl que aún se mantienen en diversas colectividades.
Hoy en día Xochimilco cuenta con 14 pueblos originarios entre los que se incluye San Gregorio Atlapulco.
La demarcación Xochimilco tiene, según el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, una superficie de 114.1 km2 de territorio, lo que representa el 7.6% de la superficie total de la Ciudad de México y una de las pocas que conservan suelo para la siembra de alimentos y otros productos agrícolas.
En la historia del pueblo, las luchas contra megaproyectos, la defensa del cerro Moyotepec y la vigilancia sobre los manantiales y cuerpos de agua han sido constantes. En 2022, frente a la imposición de infraestructura hidráulica sin consulta previa —que resultó ser parte de un proyecto para canalizar aguas negras desde Milpa Alta— la comunidad se organizó, denunció públicamente la negación de consulta por parte de SACMEX y la alcaldía, y frenó la obra tras movilizaciones sostenidas.
La represión del 1 y 2 de diciembre de 2022
Bajo el mandato como jefa de Gobierno de Claudia Sheinbaum y la dirección de la alcaldía de Jose Carlos Acosta, quien acumula al menos dos denuncias por violaciones a derechos humanos. Entre ellas, destaca la Recomendación 17/2023 emitida por la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, derivada del despojo violento de un predio adquirido por 60 personas adultas mayores desde el año 1878 mediante escritura pública.
Además de la denunica penal realizada por Itzel Yunuen Ortiz Mijares por amenazas cumplidas, abuso de poder y discriminación.
“El ex alcalde de Xochimilco José Carlos Acosta fue denunciado penalmente por la presunta comisión de los delitos de amenazas cumplidas, abuso de poder y discriminación, por Itzel Yunuen Ortiz Mijares, funcionaria de primer nivel de su administración, quien además solicitó medidas de protección.” (Gómez-Flores, Laura, Enfrenta ex alcalde Carlos Acosta denuncia por amenazas, abuso de autoridad y discriminación, La Jornada.
El 2 de diciembre, centenares de policías, incluyendo el cuerpo de granaderos, ingresaron al pueblo rodeando a manifestantes que resguardaban la entrada a las obras hidráulicas. Durante el operativo se registraron agresiones físicas a personas mayores.
El 2 de diciembre de 2022, ocurrió justo la manifestación, pero no se tenía noción directa de que llegara a haber una cantidad mayor de unidades policiales, aproximadamente me parece que fue en la mañana, como por las 10 o 11 de la mañana, en las que las vecinas -porque eran una mayoría de mujeres adultas mayores las que se estaban manifestando aquí en la avenida-
Tras esto, comenzaron las agresiones en las cuales se empujaron a las manifestantes, las tiraban al suelo a algunas, y siendo ellas mayores de edad, mujeres de la tercera edad, generó la molestia en muchos pobladores, quienes comenzaron a insultar a los policías porque estaban empezando a agredir a la población, y principalmente a poblaciones vulnerables, como podríamos llamarlas
Testimonio de Max Negrete.
La reapertura de la biblioteca comunitaria y la criminalización de Hortensia
La biblioteca ubicada en el cerro Moyotepec, cerrada desde el sismo de 2017, permaneció en abandono hasta que la comunidad decidió recuperarla como espacio autogestivo .
Sin embargo, la maestra asegura que este lugar se ha vuelto autogestivo y que se reivindicó como espacio del pueblo: -Los compañeros que vienen aquí no cobran absolutamente nada. Es una convicción, y es una convicción de que el pueblo vuelva a resurgir y vuelva a tener confianza. O nos tengamos confianza-”
Información de: N+ https://www.nmas.com.mx/foro/nacional/casa-tlamachtiloyan-disputa-xochimilco-alcaldia/
El proyecto institucional de convertirla en museo científico fue utilizado como justificación para mantenerla cerrada, mientras la alcaldía hacía uso privado del inmueble.
Había también molestia de que justo se notaba que eran funcionarios públicos del alcalde de Xochimilco, tenían fiestas privadas en la entonces llamada biblioteca, y de ahí se mantuvo el plantón, meses de seguimiento para los acuerdos, sin embargo,el gobierno de la ciudad no cumplió con una mayoría de ellos, incluyendo la entrega de la biblioteca, que eso llevó a muchos más problemas posteriormente.
Testimonio de Max Negrete.
En octubre de 2023,se anunció que el sitio sería promovido como atracción turística dentro del programa “barrios mágicos”.
“Autoridades de Xochimilco aseguran que en total han invertido 18 millones de pesos en el espacio para convertirlo en un museo de ciencia.
-De hecho, tan es así que teníamos ya planeado aperturar, en este espacio, que se generó un proyecto muy bonito de un corredor cultural… y obviamente la Casita de la Ciencia iba a ser una parada importante para conocer el contexto de la vida cultural, social y agrícola del pueblo de San Gregorio Atlapulco- señaló la alcaldesa sustituta de la demarcación, Juana Onésima Delgado.”
Información de: N+, https://www.nmas.com.mx/foro/nacional/casa-tlamachtiloyan-disputa-xochimilco-alcaldia/
La asamblea permanente de San Gregorio Atlapulco instaló un plantón para exigir la entrega del espacio a la administración del pueblo. El 2 de diciembre de 2023 —a un año exacto de la represión— la comunidad reabrió la biblioteca bajo gestión comunitaria.
En ese momento, pues, se tomó la decisión, me parece que fue el 27 de octubre del 2023, en el que comenzó un platón justo al frente de la entrada, porque ya estaba comenzando el paseo turístico, a la par con que llegaba la festividad del Día de Muertos, entonces se tenía pensado justo que era un evento para turismo no local y que incluía una intervención en un espacio que ya estaba comprometido por parte del gobierno de la Ciudad de México y que estaba básicamente negándolo ante la población que en su momento fue reprimida y que, luchó a través de esa manifestación también por la recuperación de un espacio. Ahí se mantuvo el plantón hasta diciembre del 2023, que se dio la reapertura de este espacio que se renombró Casa del Pueblo Tlamachtiloyan.
Testimonio de Max Negrete.
Este acto fue interpretado por las autoridades como despojo. La Fiscalía de la CDMX inició una carpeta de investigación contra la maestra Hortensia, defensora del territorio y figura central de la resistencia local. Su criminalización revela la continuidad de una estrategia estatal que, lejos de respetar los marcos constitucionales e internacionales, responde a la organización comunitaria con judicialización y represión.
“En agosto pasado, una de las impulsoras de este espacio, la maestra Hortensia Telésforo, recibió una notificación de que habían abierto una investigación en su contra por el presunto delito de despojo. (…) la alcaldesa de Xochimilco, señaló que no retirarán los cargos contra Hortensia y exigen que se entreguen las instalaciones para que sean administradas por la alcaldía.”
Información de: N+ https://www.nmas.com.mx/foro/nacional/casa-tlamachtiloyan-disputa-xochimilco-alcaldia/
En este contexto, la reapertura de la biblioteca no es un hecho anecdótico: es un gesto de defensa territorial, de defensa colectiva a los derechos humanos e indígenas.
Nos basamos en el asunto de que es propiedad comunal, de que hay un acuerdo que no quiso cumplir el gobierno de la Ciudad de México y si no lo va a cumplir por sí mismo, la población tiene derecho a votar porque es propiedad comunal, por nuestros derechos colectivos y porque también es una demanda que se hizo tras una represión, una represión injustificada y completamente violatoria de derechos humanos, el derecho a la protesta.
Testimonio de Max Negrete


5 de septiembre en Xochimilco: entre la memoria de la represión y la continuidad de la violencia estatal
Una fecha marcada por la memoria de la represión
La manifestación del 10 de junio de 1971, un Jueves de Corpus, inició en medio de un intenso operativo policial. En la capital del país era la primera vez que los estudiantes volvían a manifestarse después de la matanza en contra de población estudiantil y sociedad civil en la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968, ordenada por miembros del gobierno federal. Algunos testigos habían observado a los jóvenes paramilitares que integraban “Los Halcones”, formados en Santa María la Ribera.
Cuando la marcha llegó a la Avenida de los Maestros, un oficial de los granaderos ordenó mediante un megáfono que la marcha se disolviera. Cuando los estudiantes entonaron el himno nacional, la valla de granaderos los dejó pasar. Pero los granaderos también dejaron pasar dos vehículos grises de los que descendieron “Los Halcones”: jóvenes con el pelo cortado al rape, camisetas blancas y largas varas de bambú, que al grito de “¡Che, Che, Che Guevara!” arremetieron contra los marchistas. Detrás de esta oleada de atacantes, otros “Halcones”, armados con rifles M-1, se apostaron en línea de tiradores, y aunque casi todos los tiros fueron hechos sobre las cabezas de los estudiantes, pues estaban pensados para amedrentar, no faltaron los muertos y heridos de bala. (Gabriela Pulido Llano y Rubén Amador Zamora, La Matanza del Jueves de Corpus, https://www.inehrm.gob.mx/recursos/Libros/La_Matanza_de_Jueves.pdf)
Aquel episodio, conocido como el «Halconazo», dejó una herida abierta en la historia de los movimientos sociales.
Cincuenta y tres años después, el 5 de septiembre de 2024, la historia resonó dolorosamente en las calles de Xochimilco, cuando una protesta por el esclarecimiento de la carpeta de investigación en contra de Hortensia Telésforo defensora del territorio fue violentamente atacada por un grupo de golpeadores que portaban armas de diferentes tipos. Cinco personas fueron detenidas tras la irrupción del grupo de choque mientras la policía observaba y se retiraba sin intervenir.
II. De la protesta en el Reclusorio Sur a la explanada de Xochimilco
Ese día, la defensora comunitaria Hortensia Telésforo fue citada por el Ministerio Público XO-2, en el Reclusorio Sur, con el pretexto de notificarle sobre la carpeta de investigación en su contra. La citación despertó alerta entre comunidades y pueblos del Congreso Nacional Indígena como Santiago Mexquititlán, Pueblos Unidos de Cholula y la Comunidad Otomí Residente en la Ciudad de México, que acompañaron a la maestra en previsión de una posible detención arbitraria. Sin embargo, al llegar se les informó que la audiencia había sido cancelada por el paro de actividades del Poder Judicial.
Entonces fuimos con ella a acompañarla como colectivos, como luchadores sociales, como lucha por la vida. Fuimos varias organizaciones, y una de ellas fue la comunidad Otomí, originario de Santiago Mexquititlán, residente de la Ciudad de México Y que actualmente vivimos aquí en la Casa de los Pueblos Indígenas Samir Flores Soberanes
Entonces fuimos a acompañar a la compañera Hortensia y cuando llegamos hicimos un mitin. Después le hablan (a la maestra Hortensia) y le dicen que se había cancelado su audiencia, porque el Poder Judicial había hecho un paro Entonces nos esperamos como una hora, a ver si le volvían a dar cita, y le dijeron que no Que ese día no le podían dar cita, que hasta después le iban a llamar para decirle qué día era su audiencia.
Testimonio de Isabel.

Ante la falta de información y en el marco de ese acompañamiento, colectividades solidarias, entre ellas la comunidad Otomí residente en la Ciudad de México, decidieron trasladarse a la explanada de la Alcaldía de Xochimilco, donde se esperaba la presencia de Martí Batres.
”El 5 de septiembre de 2024 el Jefe de Gobierno, Martí Batres Guadarrama, inauguró las obras de rehabilitación del Pozo de Agua Potable S-9 del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX), ubicado en la Alcaldía Xochimilco, que permitirá la recuperación de un caudal de 50 litros por segundo, en beneficio de 23 mil habitantes de las colonias Santa María Tepepan y Ampliación Santa María Tepepan.”
https://gobierno.cdmx.gob.mx/noticias/inauguramos-el-pozo-s-9-en-xochimilco/
Frente a la alcaldía, las personas manifestantes desplegaron mantas y realizaron intervenciones artísticas y políticas para exigir la cancelación de la carpeta de investigación y el cese de la criminalización contra Hortensia Telésforo. Durante la protesta se acercó Francisco Pastrana Basurto, director jurídico de la alcaldía (y quien posteriormente firmaría la denuncia contra las personas detenidas). Al preguntarle si podía resolver la situación, “él” respondió que no.
Entonces lo que hicimos fue llegar y subirnos a la explanada donde está la bandera, enfrente de la alcaldía. Nos pusimos ahí con nuestras mantas de consignas, gritamos consignas y pedimos que se diera una respuesta ¿Por qué la cancelación de la audiencia? o si alguien más, un funcionario podía atender esa parte. Posteriormente hubo unos funcionarios que yo la verdad no los ubicaba, hasta ese día supe que era Pastrana, uno de ellos, que en su momento era jurídico y gobierno. Él estaba ahí con otros funcionarios, entonces se acercaron a preguntarle si ellos podían resolver esa parte y pues dijeron que no
Testimonio de Isabel.
La manifestación fue interrumpida por un grupo de choque armado con palos, tubos, navajas e incluso armas de fuego, mientras la policía presenciaba los ataques..
Había personal de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, supuestamente policía auxiliar, que estaba resguardando el espacio, sin embargo, pues ellos llegaron primero, ellos llegaron a la media hora de que habíamos llegado a manifestarnos, y ahí se mantuvieron frente a las puertas de la alcaldía, sin hacer absolutamente nada. Cuando llegan las otras 30 personas encapuchadas y demás, que básicamente al verlas notamos que eran golpeadores u operadores políticos nos comenzamos a preocupar porque no sabíamos qué iban a hacer.
Testimonio de Max Negrete.
La alcaldía está (…) de frente hacia donde se oculta el Sol, por decirlo así y nosotros estábamos de frente, de mano izquierda entran los golpeadores. Y sí La policía fue omisa, también según las leyes y lo ha dicho la presidenta, lo ha dicho Andrés Manuel López Obrador en su momento presidente, que cuando alguien es omiso se hace cómplice de todo lo que está pasando, entonces sí, la policía fue cómplice al ser omiso (…) Y la policía de esa misma esquina donde entran los golpeadores, ellos van y se retiran.
Testimonio de Isabel
Las personas manifestantes fueron perseguidas y golpeadas brutalmente. Según diversos testimonios, elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana abandonaron la explanada sin intervenir, permitiendo la agresión.
Me dieron un golpe del lado derecho, desde atrás. Me parece que fue entre golpe como jalón. Y me jalaron de mi mochila, me parece, junto con el golpe. Yo caigo de mi lado izquierdo y ahí perdí mi teléfono temporalmente.
Yo básicamente nada más me tapé la cara porque sabía que ya tras el primer golpe iban a haber más. Y no tenía posibilidades de atacar, o en defensa más bien, de defenderme, ¿no? Así que decidí cubrirme por completo.
Yo no vi nada. Básicamente nada más sentí los golpes, pero sí sentía que eran varias personas, por lo menos tres cada cierto tiempo. Como todo pasa muy rápido, pues, realmente no las conté hasta que vi los vídeos, ya pude tener la noción de que fueron por lo menos ocho personas las que me golpearon, todos hombres.
Nos dejaron mientras nos golpeaban, nos estuvimos defendiendo como podíamos, ¿no? Notamos que algunos tenían palos, otros tenían armas más importantes, tijeras, cuchillos, inclusive notaron que algunos tenían armas de fuego. Y con ellas se llegaron a golpear a varios compañeros, generándoles heridas y sangrados a varios.
Testimonio de Max Negrete.
De repente vimos en una esquina que salen muchas personas corriendo y gritando -Ya valieron madres- y nosotros volteamos a ver y eran personas jóvenes, más jóvenes que adultos. Que llegaron con armas, con palos, o sea, lo que traían era para golpear, para golpear a nuestras y nuestros compañeros en ese momento. Y los policías en lugar de defendernos o apoyarnos porque fuimos golpeados, fuimos agredidos (…) Entonces los policías en lugar de que nos apoyaran, que estaban viendo que estaban golpeando brutalmente, se fueron
Testimonio de Isabel.
Videos y reportes difundidos por medios libres como Regeneración Radio, Noticias de Abajo y La Comunidad Otomí documentaron que al menos cinco personas fueron detenidas en medio del caos: una comunicadora comunitaria, un muralista, dos estudiantes de la UNAM y una integrante de la comunidad Otomí. Todas ellas fueron golpeadas y privadas de su libertad de forma arbitraria. A las personas detenidas se les imputaron los delitos de motín, lesiones y daños a la propiedad.
La compañera Anselma corrió porque los estaban correteando para golpearlos, porque nos estaban golpeando. Y el compañero Mishi que agarran, o sea, corren por peligro, corren por defender su vida, corren para que no les pegaran porque ya los otros compañeros estaban sangrando. O sea, ya había cuchillos, había palos, había piedras, a ellos no les importaba pegarles a los que estaban ahí. Entonces ellos corren y los golpeadores lo que hace es detenerlos y entregarlos a la policía
Testimonio de Isabel.
El grupo agresor se retiró con total impunidad. Mientras tanto, varias personas heridas fueron trasladadas a hospitales y otras acudieron a denunciar los ataques. La responsabilidad del operativo fue diluida por las autoridades capitalinas, y no se presentó ningún informe sobre la identidad ni la procedencia del grupo violento.
Cuando el grupo de manifestantes se dirigió al Ministerio Público de Xochimilco para exigir la libertad de las personas detenidas, se les negó información. Pese a que testigos confirmaban que habían sido trasladadas ahí, las autoridades negaron su presencia. LOCATEL, sistema oficial de registro de personas detenidas u hospitalizadas, también negó tener registro del paradero de Anselma Margarito (persona detenida), comunicadora comunitaria, asignándole el número de referencia 1423824 sin brindar mayor detalle.
Entonces en lugar de decirnos el por qué habían sido detenidos, agarran y se los llevan a la alcaldía de Tlalpan, pero no los sacaron por la puerta por donde nosotros entramos, donde los vimos que estaban sentados. Y posteriormente cuando entramos nos negaron que ellos habían estado allí, dijeron -no están aquí y no estuvieron- Y nosotros les dijimos, -aquí estaban cuando llegamos, nosotros vimos a nuestros cinco compañeras y compañeros que habían detenido, aquí estaban- Y ellos, la alcaldía siempre negó que estuvieran.
Testimonio de Isabel.
Vieron que estaban ahí los cinco compañeros que habían sido determinados arbitrariamente y estuvieron exigiendo su liberación inmediata porque no había motivos, al contrario eran víctimas de represión y con ello, pues, estaba sumándose otro acto de violencia directa hacia las manifestantes, hacia el Derecho de Protesta y hacia el Derecho de Información porque había periodistas siendo detenidas únicamente por su labor. Tras ello, vieron las autoridades que había demasiada gente que se estaba comenzando a presionar demasiada y los llevaron por la puerta de atrás, al parecer, y se los llevaron a un paradero desconocido. Nosotros nunca supimos hacia dónde se los estaban llevando. Los compañeros que estuvieron detenidos tampoco nos supieron decir bien hacia dónde.
El contingente que se quedó allí en el ministerio estuvo esperando a saber dónde estaban las personas detenidas. Se mantuvieron a la espera hasta que llegó la notificación de que estaban en la joya y no fue una notificación por parte del Estado, sino por quienes estaban buscando a la gente y que los vieron. Y, pues, ahí se movieron hacia el Ministerio Público de Tlalpan.”
Testimonio de Max Negrete
La omisión deliberada de información por parte de las autoridades constituye una forma de desaparición forzada según el artículo 27 de la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas, Desaparición Cometida por Particulares y del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas. Fue gracias a la movilización simultánea de otro grupo hacia la Fiscalía Desconcentrada de Tlalpan que las personas detenidas fueron finalmente localizadas, lo cual dio pie a nuevas acciones de protesta.
III: Encapsulamiento y represión en la Fiscalía de Tlalpan
El 5 de septiembre de 2024 por la tarde después de los sucesos en la alcaldía de Xochimilco, diversas organizaciones, comunidades indígenas, periodistas, estudiantes y observadores de derechos humanos comenzaron a concentrarse en la Fiscalía Desconcentrada de Tlalpan. La movilización tuvo como objetivo: “confirmar el paradero de las cinco personas detenidas durante la represión ocurrida horas antes en Xochimilco, exigir su liberación y denunciar públicamente los hechos violentos.”
Casualmente yo iba saliendo de la escuela, me encontré a una amiga que me informó que en una manifestación en Xochimilco habían sido reprimidos los compas que se estaban manifestando (…) me notificó de las 5 detenciones que se habían realizado. (…). Yo llegué directamente a la avenida que cerraron, para ese momento todavía no se sabía a dónde habían llevado a los compañeros y compañeros que habían sido detenidas, entonces se hizo la presión hasta que nos dijeron que estaban en Tlalpan. Yo había ido en bicicleta, entonces un contingente que había llegado en bicicleta nos dirigimos para Tlalpan.
Testimonio de José Meza
Yo estaba trabajando un poquito más al norte, por (…) y cuando salí de trabajar vi que en varios grupos había mensajes de que habían detenido a cinco compas, entre ellas a Anse y a Gato. En ese momento, nos pusimos en contacto con (…) quien nos informó que todavía estaban en calidad de desaparecidas y que el locatel no se les estaba pudiendo ubicar (…) yo pensé, si alguien ya les vio en Tlalpan, pues mejor hay que estar ahí y ubicarles, no dejar que les desplacen a otro lado.
Me junté con personas de otros colectivos que estaban por la zona, algunos colectivos estudiantiles y colectivos de personas generales disidentes que conozco, y nos fuimos a Tlalpan. Cuando llegamos a Tlalpan, vimos que estaban esposados, el gato estaba esposado, y que les estaban haciendo preguntas, (…) vi a las cinco personas detenidas, tomé un video, se veían como de lejos en la oficina, y les informé a las diferentes colectividades (…)”
Testimonio de Anarka Rotulista.
Desde las 18:00 horas, consignas por la libertad de las personas detenidas y justicia para las personas agredidas resonaban en el edificio. Niñas, niños, bebés y familias enteras acompañaban la protesta, reafirmando su carácter pacífico y comunitario. Minutos más tarde comenzaron a llegar patrullas con elementos de cuerpos de élite: Zorros, Centauros y Ateneas.
Ya estando en Tlalpan nos dimos cuenta de que ahí si estaban los compañeros, ya los estaban procesando de que se los iban a llevar tal vez, era lo que vimos, empezamos a gritar consignas, empezamos a hacer presión para que se dieran cuenta de que ya habíamos -topado- que se los querían llevar y así empezó poco a poco. Nos metimos a la fiscalía para hacer presión, gritamos consignas. Ya cuando nos dimos cuenta ya habían llegado granaderos, bueno, se escuchaban de lejos que ya venían, y éramos a lo mucho unas 30 personas.
Testimonio de José Meza
Un grupo de personas —principalmente de la comunidad Otomí— permanecía dentro de la fiscalía, mientras otro grupo formó una valla afuera para proteger a quienes estaban al interior. De forma repentina, los cuerpos policiales rodearon completamente el edificio, encapsulando a quienes se encontraban en la vía pública.
No recuerdo si fue, yo creo que fue como a las cuatro, entre cuatro y seis. Si checo el video, ahí vendría la hora exacta en la que se publicó, pero más o menos fue a ese horario.
Entonces ahí algunas de las compañeras de la Comunidad Otomi y compañeras de Xochimilco, les dijeron a los elementos de policía como no avancen más, tenemos infancias, hay personas de la tercera edad y mujeres, poblaciones vulnerables. Y (…) hubo quien puso las bancas que estaban en el interior de la Fiscalía como barrera para que no pudieran pasar los elementos. Todavía la situación de acción física era a nivel de empujones, nos estaban empujando y estábamos oponiendo resistencia para que no pudieran avanzar con el cuerpo y con las bancas.”
Testimonio de Anarka Rotulista
Tal vez la mitad se quedó afuera de la Fiscalía, la otra mitad estábamos adentro y ya dentro fue cuando nos dimos cuenta de que ya nos tenían rodeados completamente por antimotines, para ese momento lo que hicimos fue poner en seguridad a las personas que eran más vulnerables, las personas mayores, había niños inclusive, entonces se buscó la manera de resguardarles para que no entraran los granaderos, porque desde el principio se veía que tenían órdenes, de reprimir, de hacer su -chamba- como se los ordenan.
Testimonio de José Meza
Cuando llegamos a Tlalpan, había gente rodeando la Fiscalía, y se escuchaba que había compañeros adentro gritando que dejaran salir a la banda que estaba detenida, yo sentí que como a medida que íbamos llegando llegaba más y más gente y luego comenzó a llegar granaderos, todos con sus escudos y sus uniformes y con esas cosas que se ponen para que no puedas ver quienes son, no tenían nombres, un chingo de irregularidades y como que una ya también sabía a lo que iba, y veía como estaban llegando gentes de diferentes colectividades. Como que llegaba una colectividad y llegaban más granaderos, llegaron los de Puebla, y se veía que ellos llamaban más policías, como que no les alcanzaba el operativo que ellos tenían planeado.
Testimonio de Tori Karnala
Desde la parte trasera del edificio, la policía intentó irrumpir por la fuerza. Las personas dentro tomaron bancas y objetos para bloquear la entrada. En respuesta, la policía lanzó extintores y gases que dificultaban la respiración, afectando a mujeres, hombres, infancias y personas mayores que estaban al interior. Simultáneamente, se rompió la valla del acceso principal. Manifestantes se replegaron sobre la calle para resguardarse.
Yo en un principio estaba yo adentro con mis compañeras de la comunidad Otomi (…) Pero cuando llegaron los granaderos que entraron detrás de la fiscalía, nos fueron sacando, entonces me sacan a fuerza, a empujones afuera, yo quedo en la parte de afuera, pero se quedan las demás compañeras adentro con los niños que estaban llorando, es ahí donde también fueron los compañeros muy golpeados brutalmente por los granaderos.
Testimonio de Isabel.
Bloqueamos las entradas, tratamos de ver que todos estuvieran ya resguardados las más que se pudieran resguardar, entre como 10 compañeros estuvimos resistiendo hasta como después de los 10 minutos estuvimos resistiendo, ya no se veía nada, ya nos habían gaseado un montón, ya habíamos aguantando un montón de empujones, de golpes con los escudos, cuando vimos que ya la mayoría de la gente estaba segura, decidimos salir.
Testimonio de José Meza.
Empecé estando adentro, pero nos sacaron a la fuerza. Entraron los policías por la entrada de atrás y trataron de forzar a la banda a que se saliera, fue ahí cuando se hace el espacio como de adentro y afuera. Porque aíslan a cierta banda ahí adentro que deciden que van a mantener ahí adentro, pero a todos los demás nos sacan a la fuerza. Perdimos la habilidad de resistir. Yo recuerdo que sentí bien culero cuando estaba en las escaleras, ahí empezaron los madrazos. Cuando me di cuenta que me estaba ahogando un poco por todos los gases que estaban tirando, yo traté de bajar las escaleras y ahí fue cuando me pegaron por primera vez en la espalda con un escudo y me pegaron bien fuerte, me sacaron el aire, por los gases no podía ver no podía respirar, estaba muy confundida y siento que ahí fue cuando supieron que iban a dar conmigo. Cuando estaban señalando a la banda yo si vi como me apuntaron y vi cómo se estaban burlando entre ellos, antes de que nos atacaran, porque sabían que se iban a poder desquitar por la manifestación que estábamos haciendo.
Testimonio de Tori Karnala.
Y alguno de los elementos roció con el aspersor, como tratando de disipar a quienes estábamos conteniendo la entrada de los policías. Todavía después de eso, una de las personas de la Comunidad Otomí les dijo -hay infancias con nosotros, no nos gaseen- (…)
No recuerdo exactamente qué fue el evento que lo detonó, pero empezaron a rociar más con los aspersores, empezaron a empujar más. Y entonces, como todo era una nube de gas, no se veía bien. Lo que veía era como nos estaban empujando, nos estaban tratando de agarrar.
Algunas personas salieron corriendo, otras se quedaron ahí. Las personas de la comunidad se reunieron. Una de las personas (…) le dijo a las infancias y a las compañeras de la comunidad que iban con sus bebés -vengan conmigo, hay que resguardarnos-, y se arrinconaron en una de las oficinas que estaba un nivel un poco más bajo.
En ese momento yo recuerdo que las infancias ya estaban tosiendo. Entonces tomamos unos trapos, unos paliacates, los mojamos con agua y se los pusimos para que se cubrieran la boca. (…) Más o menos en ese momento, la compañera Eriviana que iba con su bebé empezó a decir que se estaba sintiendo mal, pues que se estaba sintiendo mareada y que se iba a desmayar. Entonces me dijo detenme a mi bebé. Me lo dio y en ese momento se desmayó. La sentamos en una silla, no se cayó porque la sostuvimos. Las compañeras la atendieron y mientras yo me quedé un momento con las infancias de la comunidad y con el bebé de Eriviana.
Testimonio de Anarka Rotulista

Los policías comenzaron detenciones: en grupos de entre 5 y 10 agentes rodeaban, golpeaban e introducían a manifestantes en la fiscalía, o bien los subían a patrullas. Una vez detenidas, las personas eran obligadas a tirarse en el piso para evitar ser grabadas por cámaras o celulares.
Las agresiones por parte de los elementos de la SSC fueron físicas y verbales, utilizando sus equipos, amenazas de prisión, de golpes, de abuso sexual, además de comentarios transfóbicos.
Yo recuerdo que lo primero que hice fue levantar las manos, casi entregándome, a lo que ellos respondieron tacleándome inmediatamente (…) me agarraron en una esquina. La verdad no los conté como tal, han de haber sido unos 5 o 7 granaderos que me taclearon, me patearon, me pisotearon, me jalaron de las “greñas”, todo el tiempo no me bajaban de greñudo, de jipi, me lanzaban muchos comentarios muy sexistas en relación con el cabello, una violencia muy directa hacia el género.
En ese momento entre los gritos de los granaderos escuche que ya había valido verga. Me arrastran y me meten dentro de la Fiscalía (…) yo estaba completamente solo, en la oficina había un trabajador de la Fiscalía que también estaba súper asustado (…)
Testimonio de José Meza
Yo recuerdo que ya estaba en la calle y me agarraron en bola, recuerdo que traté de correr a la tiendita que estaba enfrente de la fiscalía (…) me agarraron entre tres para que no pudiera correr, me agarraron del pelo, me empezaron a golpear con los escudos, con sus puños, me forzaron al piso jalándome el pelo. (…) me estaba resistiendo mucho que me bajaran al piso porque me daba miedo que estando en el piso me lastimaran en la cara más de lo que estaban haciendo ya, me tenían sometida inclinada hacia abajo mirando hacia el piso, me estaban pegando en las costillas, me pegaban en la espalda.
(…) Recuerdo que se me fue un tenis, rompieron mi sweater, mi camiseta quedó rota, rompieron mis lentes y terminé detenida como por 8 policías.
(…) me jalaban el pelo y me decían que se iban a desquitar, que les tocaba a ellos, -no que muy bravo- -a esto era a lo que venías-. Me sentí muy vulnerada, les dije que era una mujer trans, y de eso se empezaron a burlar, de que aún mejor, como más divertido con los putos. Les empecé a suplicar que me dejaran ir, que me soltaran el pelo. Les dije que ya me tenía sometida, que me tenía agarrada entre 8 y que yo solo una y que me soltaran el pelo.
(…) me pusieron contra la patrulla, en la puerta de atrás y me golpearon en la espalda y costillas de nuevo, burlándose de lo que les había dicho, que era trans y puto y jto y maricón y pateándome. (…) Se escuchaba como estaban gozando, eran puros hombres. Eran grandes, fuertes, corpulentos, ágiles. Diferentes a policías de otras manifestaciones.
Yo tenía miedo como que hubiera abuso sexual, más allá de lo verbal, si estaban insinuando que iban a abusar sexualmente de una cuando me subieran a la patrulla (…). –Perdónenme- les he de haber dicho.
Me empezaron a encaminar a la fiscalía, en ese momento no sabía el protocolo que estaban desarrollando de meter a la banda a los cuartos y torturarles, tomarles fotos. (…) Yo me quería safar, les dije que ya estaba cooperando, que ya solo me llevaran entre uno, me dejaron ir y solo uno me estaba llevando y cuando estábamos doblando la esquina para entrar a la fiscalía me eche a correr, muy rápido.”
Testimonio de Tori Karnala
Varias personas defensoras de derechos humanos, periodistas, estudiantes y activistas LGBTQ+ fueron conducidas a un cuarto dentro de la fiscalía. Ahí fueron golpeadas, insultadas y amenazadas. José Meza, periodista y miembro del Observatorio Memoria y Libertad, fue arrojado al suelo, pateado y golpeado con brutalidad. Un pisotón le rompió la nariz, dejando marcada la suela en su rostro.
Yo me quedé tendido en una esquina ahí donde me aventaron, todavía adentro me siguieron pisoteando, me siguieron golpeando y diciendo que ya había valido madres, ya que no íbamos a salir y más cosas que yo creo que hasta las he bloqueado.
En ese momento estaba completamente solo, pensando pues a ver qué pasa, la verdad es que mis expectativas ya eran otras cosas como desaparición forzada o que me iban a matar, cuando de pronto abren la puerta y meten a más manifestantes (…) fueron los que mediaron, los que empezaron a preguntar porque estábamos detenidos, que leyeran nuestros derechos, nos explicaran los cargos, cosa que nunca hicieron.”
Testimonio de José Meza
Aproximadamente 15 personas fueron detenidas en ese cuarto. La policía las fotografió una por una, pidió datos personales y los compartió en grupos de mensajería interna.
Nos tomaron fotografías, yo pude ver cómo enviaban nuestras fotografías con nuestros nombres a grupos de WhatsApp, por lo que yo veía eran los grupos de antimotines, de zorros, había ateneas, había huracanes, a mí en ese momento yo tenía una Kindle, un lector digital, y un policía me lo sacó de la bolsa, se lo guardó, eso fue plenamente un robo, igual mi mochila, todas mis pertenencias me las despojaron, al igual que a los demás compañeros y compañeras. A una compañera incluso le robaron su laptop con todo y su tesis.
Durante ese lapso yo tenía mucha sangre en la nariz, no podía respirar (…) yo pedía papel, lo que se me negó, ya hasta casi que nos iban a sacar y eso para limpiarnos, para que saliéramos sin sangre y que los medios no nos vieran golpeados.
Se nos negó el agua, nos tenían prácticamente en calidad de secuestrados. (…) se nos dice que nos iban a dejar salir, que solamente teníamos que dejar nuestros nombres y cuando nos dejan salir me doy con la sorpresa que había gente acuerpando, medios independientes, otros medios de paga, observadores de derechos humanos y solamente fue por eso que nos dejaron salir, porque hubo una presión tremenda afuera.
Testimonio de José Meza
Afuera, los manifestantes que no habían sido detenidos bloquearon las avenidas cercanas. Colectividades feministas, defensoras del agua, periodistas y familiares exigieron la liberación inmediata de las personas privadas de la libertad. En el lugar se hicieron presentes reporteros de medios, integrantes de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México y personal médico de emergencia del ERUM.
Todo el tiempo fue llegando más banda, por eso una no se dio por vencida esa noche. En mi caso fue la primera vez que me tocaba una represión así de grande. Se hizo conciliación, había una banda muy asustada. Yo estaba muy asustada de donde estaba mi pareja, recuerdo que me decían que confundieron a otro amigo conmigo, yo tenía mucho miedo en mi cuerpo y el miedo ajeno, sentir que lo que no me habían hecho a mí se lo iban a hacer a alguien más. Sentía culpa por haberla librado. Estábamos sorprendidas, señalándonos, yo ni me daba cuenta que mi ropa estaba rota, que me faltaba un zapato, que no traía lentes, mi pelo estaba mal. –Mira cómo te dejaron- Y yo veía como dejaban a otra banda, y fue darnos cuenta del nivel de violencia que estábamos viviendo. (…)
Las patrullas seguían rodeando, teníamos miedo de movernos de donde estábamos, de movernos un metro para adelante, porque llegaron más granaderos, nos tratamos de acercar a la fiscalía para ver qué pasaba, pero ya habían llegado nuevos granaderos y ya habían llegado las mujeres policías. Nos estaban empujando, estaban tratando de limpiar la calle, de quitarnos. Estaba banda de la comisión de derechos humanos que no hacía nada para evitar que nos replegaran.
Nos contactamos con una banda que estaba bloqueando la avenida. Porque había gente con cierto perfil que no estaban atacando, como toda la banda que terminó golpeada era estudiantes, racializada, como con ese perfil antiguo de gente morena de pelo largo y banda joven, a la que le puedes golpear y nadie va a decir nada.”
Testimonio de Tori Karnala
Pasadas varias horas, y frente al creciente escrutinio mediático y social, las autoridades permitieron la salida de las personas retenidas en el cuarto. Les entregaron toallas húmedas para limpiar sus rostros, visiblemente golpeados, y fueron puestas en libertad frente a las cámaras. No se presentó ninguna justificación legal sobre su detención ni sobre el uso de la fuerza. Aún después de la liberación, la fiscalía permaneció rodeada por cuerpos policiacos durante al menos una hora más. Personal médico del ERUM priorizó la atención a elementos policiales antes de revisar las lesiones de las personas agredidas, mostrando una jerarquía institucional que revictimiza a quienes han sufrido violencia
Recuerdo que empezaron a decir hay compañeras detenidas, alguien que tenía contacto con el exterior empezó a decir hay una lista (…) Era una lista como de unas 10 personas y yo también estaba en la lista. Entonces yo le pedí a (…) que avisara que yo estaba ahí adentro, no como que yo no estaba detenido, sino que más bien estaba encapsulado en el interior del edificio.
Pero en ese momento me preocupé mucho porque justo dos de las personas que iban conmigo estaban en esa lista de personas detenidas. (…) Y también empezaron a escucharse rumores de que había unas personas encerradas en un baño y que había otras personas detenidas en una de las habitaciones de la fiscalía.
Entonces (…) que seguía negociando con el concertador dijo lo primero que tiene que suceder es que salgan las personas que están detenidas en las habitaciones. Entonces supimos, habíamos escuchado que eran compañeras las que estaban en un baño, las que se habían resguardado en un baño. Ellas fueron las primeras en salir que yo sepa (…)
Estaban llegando compas desde el exterior. Me asomé por la ventana, se veía poco pero escuchaba como gritos, como de consignas. Nos avisaron que seguían llegando personas y se estaban movilizando y que en algún momento se fueron a cerrar Tlalpan.
Creo que fue en el momento que cerraron Tlalpan que como que fluyó un poco más la negociación con el concertador. (…)
Y ahí fue cuando negociaron y dijeron -tienen que dejar salir a todas las personas que están detenidas- (…) escuchamos que dejaron salir a las personas que estaban detenidas en la habitación y entonces nos dijeron ya se tienen que salir. (…) Nos quedamos ahí y ya en el momento que nos avisaron que ya les iban a dejar salir, nos movimos de ese espacio donde estábamos como encapsulados al espacio central, a la sala de espera de la fiscalía y vimos que ya estaban saliendo las cinco compas.”
Testimonio de Anarka Rotulista

Cerca de la medianoche, finalmente, las cinco personas detenidas en Xochimilco fueron liberadas, junto con las niñas, niños y personas mayores que aún permanecían dentro de la fiscalía. La jornada había terminado, pero la violencia institucional dejaba una marca imborrable. La represión del 5 de septiembre en Tlalpan confirma que el régimen utiliza el aparato de seguridad y justicia para castigar la disidencia, desarticular los lazos comunitarios y disuadir futuras movilizaciones. Frente a ello, la organización desde abajo, la denuncia y la memoria se convierten en herramientas fundamentales para resistir el olvido y exigir justicia.
Los testimonios de Max Negrete, José Meza y Tori Karnala revelan la violencia de Estado ejercida contra personas organizadas que participaron en una protesta el 5 de septiembre de 2024, en Xochimilco y Tlalpan, CDMX. Estas narraciones evidencian una violencia de Estado en una manifestación política, con elementos en los testimonios que apelan a insultos basados en lo racial, el género y de clase profundamente marcada.
Consecuencias físicas, emocionales y económicas de violencia y represión de Estado: raza, género, clase y violencia de Estado
La importancia de recuperar estos testimonios es brindar un panorama acerca del daño que implican este tipo de violaciones, no solamente al momento de vivirlas sino casi un año después. Los testimonios presentados se recuperaron durante el mes de julio del año en curso, a tan solo dos meses de cumplirse un año de los sucesos en Xochimilco y Tlalpan.
Max Negrete, poblador originario de San Gregorio Atlapulco y comunicador comunitario, fue víctima de una golpiza por parte de al menos ocho personas encapuchadas y armadas con escudos, equipo táctico y armas de fuego. El ataque ocurrió en la explanada de la alcaldía de Xochimilco mientras documentaba y transmitía en vivo una protesta. A pesar de que había presencia de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, ésta se retiró del lugar justo antes de que comenzara la agresión, dejando a las personas manifestantes a merced de un grupo percibido por él mismo como operador político.
Me dejaron algunos moretones en el pómulo, unas heridas en los labios, que sí me abrieron en los labios, el de arriba y el de abajo. El golpe de caída, el inicial, cuando me hizo que cayera con el codo, y desde entonces tengo un golpe que me ha generado molestias. En la espalda también me dieron golpes, patadas básicamente (…)
La violencia física y el despojo de su equipo de trabajo derivaron no solo en daños materiales y físicos, sino en una afectación profunda de su vida emocional, familiar y política. La represión le obligó a disminuir su participación comunitaria, interrumpir vínculos afectivos y vivir bajo un estado de vigilancia y ansiedad permanente.
En cuanto a los daños económicos, pues fue la pérdida de mi cámara y de mi tripié, porque ese es mi equipo de comunicación para datos, mi vida personal (…) fue una pérdida de aproximadamente 14 mil pesos (…) porque fue robo con violencia, ¿no?
En cuanto a gastos médicos (…) tenía una microfractura en la nariz, que fue identificada únicamente porque les había mencionado a los médicos de la Comisión de Derechos Humanos que me atendieron para una que interpusimos ahí, por los mismos hechos. Y también justo en urgencias también me habían mencionado que había una especie de fractura pequeña, pero después una médica me dijo -no, no tienes nada- pero en una segunda valoración me dijeron -si tienes algo, ve a checarlo con rayos X-. Así que gasté aproximadamente 400 en los rayos X, me parece.
Posteriormente, las consultas fueron como de 500 pesos cada una, así que fueron mil por lo menos en consulta, más otros 500, posiblemente de radiografía. Y el tratamiento que me dieron (…) fueron quizás otros 500. No recuerdo bien, pero aproximadamente dos mil pesos prácticamente en asuntos médicos.
En ese momento tenía una vinculación emocional con alguien y por la situación le dije -oye, me está ocurriendo esto, tengo muchísimas cosas que atender ahorita, no creo que pueda atender esto- Entonces tuve que aportar ese vínculo afectivo en ese momento.
El asunto de que el estar muy alerta en todo momento me generó problemas mayores (…) básicamente fue una paranoia que tenía constantemente sobre quién estaba cerca de mí, si alguien me venía siguiendo, y creo que también eso va de la mano porque sí estaba ocurriendo. Varios compañeros notamos que fuera de nuestras casas también había personas que normalmente no están ahí, no son nuestros vecinos.
Luego sí me causó mucho conflicto. La primera vez que tuve que ir a una marcha posterior, el 5 de septiembre, que fue la del 2 de octubre, yo sí estuve muy al pendiente de que no hubiera policías, antimotines ni nada, sí estuve muy muy paranoico en cuanto a todo eso. Y pues eso fue manteniéndose.
Ahorita ya no tengo tantos problemas, pero sí me genera pánico cuando veo a los antimotines cerca. Y siento que sería lo que más me ha afectado, y quizás sí un poco en el aspecto familiar, porque desde antes que yo participaba en otras actividades del pueblo, pues me mencionaban que para qué participaban estas cosas (…) mi familia nuclear directa no me apoyó.
Incluso pues me estaban recriminando el asunto -¿qué vas a hacer esas cosas? te lo mereces por hacer esas cosas- Incluso me estaban casi mencionando que me moviera de mi casa, que me saliera de ahí.
Sí es el asunto del problema para dormir, porque justo de tener el estado de alerta constante a todos los que salieran fuera de mi casa y volvieran frente a mi casa, pues me generaba pánico para saber quién estaba afuera, qué estaba ocurriendo (…)
En cuanto a la ansiedad física, pues sí me generó sentirme con cierta tensión, siempre tensionado con los músculos, tensionados en estado de alerta para tener la posibilidad de reaccionar en caso de que ocurriera algo, a pesar de que haya la mínima posibilidad de que ocurriera algún evento con policía, con policiales, con quien sea. (…)
Y bueno, también aumentó mi consumo de tabaco bastante. Fumaba aproximadamente dos o tres cigarros máximo diarios, y actualmente ya llevo a fumar seis diarios, entonces duplique un poco el consumo.”
Testimonio de Max Negrete
José Meza, estudiante universitario y periodista del Observatorio Memoria y Libertad, fue detenido en la Fiscalía de Tlalpan tras acudir a documentar la situación de las personas arrestadas. Su testimonio expone una cadena de agresiones físicas, psicológicas e institucionales: fue pateado, insultado con lenguaje sexista, incomunicado y golpeado en una oficina dentro de la fiscalía.
Las autoridades no sólo permitieron esta violencia, sino que la llevaron a cabo directamente. Posteriormente fue fotografiado y fichado ilegalmente, y sus pertenencias le fueron robadas.
José describe con crudeza el trauma vivido, incluyendo síntomas de trastorno de estrés postraumático, alteraciones en su ciclo de sueño, llanto espontáneo, miedo a represalias, imposibilidad de continuar con su trabajo y estudios, y un profundo sentimiento de persecución. Su caso ilustra cómo el Estado criminaliza no sólo la protesta sino también la labor periodística que busca documentarla.
Yo recuerdo que dos o tres días después, todavía no me caía bien el veinte, yo me sentía como si estuviera soñando, despertaba y no me hallaba, me decían que si no me dolían los golpes o adolorido, y realmente no, todavía estaba en un estado de shock en el que mi cuerpo no asimilaba lo que pasaba o me ayudaba para no sentir el dolor. Estuve como tres días en mi mente totalmente obscura, hasta ya como a la semana fue cuando más que quebré, después de haber ido a la CDHCDMX fue cuando vino el peso, los recuerdos, ya no podía dormir, me despertaba llorando, me metía a bañar y me veía todo golpeado y me quebraba ahí.
Como nos tomaron nuestros nombres y fotos, todavía me siento fichado, siento que en cualquier momento pueden caernos ya con una fabricación hecha, entonces pues las secuelas siguen, recordarlo es dolor, es una herida que no va a cerrar hasta que se haga justicia.
Llegue a tener pesadillas, con el momento de la fiscalía, veía muchísimos policías y no podía correr, como que alguien me jalaba, había sueños que no recordaba que solo me levantaba llorando, evidentemente era esa carga que tenía ahí, que no quería recordar, que quería reprimir. Me era muy difícil dormir, sentía muchísima ansiedad, me venían los recuerdos. Lo que más me dolía era pensar en la banda. Ver como metían a la banda a esa oficina, ver cómo nos jalaban, como todos tenían un rostro que no sabíamos que iba a pasar.
En la escuela me afectó todo el semestre, por las faltas que tuve, y cuando regresé a la escuela no estaba presente, mi mente estaba en otro lado, di de baja muchas materias.
No podía trabajar, gasté mucho en lo médico y en los cuidados que debía tener.”
Testimonio de José Meza
Tori Karnala, persona trans no binaria, fue brutalmente agredida durante la misma jornada por agentes que actuaron con una saña particular por motivos de género e identidad. Fue golpeada en la espalda, jalada del cabello, arrastrada por el suelo y humillada verbalmente con insultos transfóbicos, mientras los agentes insinuaban abuso sexual.
Tori logró escapar antes de ser formalmente detenida, pero su testimonio deja clara la carga simbólica y corporal que implica la represión para las personas disidentes sexuales y de género: miedo a ser identificada como «maricón», ansiedad por cómo su cuerpo es leído, alteraciones severas en su sueño, incremento del consumo de sustancias para evitar pesadillas, y la vivencia de una profunda ruptura de la confianza social y afectiva. La violencia que experimentó no sólo fue física y simbólica, sino sexualizada, racializada y profundamente deshumanizante.
Lo más notorio es que no me quedó igual la espalda, mi espalda es diferente por el primer golpe que me dieron fue el que más me chingo, me dieron con el escudo, con la ventaja de que yo estaba debajo de los policías. Me duele a menudo, en el lugar en el que me pegaron.
Malamente no he ido a terapia o hacerme un rayo x, porque una no puede. No seguimos con nuestras vidas por tres o cuatro semanas, no íbamos a trabajar. Fue gastar un chingo en comida, no había tiempo ni ganas de cocinar ni de hacer el súper. (…)Teníamos miedo de tomar el transporte público, nos movíamos en DiDi y eso genera más gasto.
Yo iba en un camino diferente, como hacía una vida diferente, pero una se da cuenta de cosas que importan más (…) Supongo que cuando estemos listas para buscar ayuda profesional lo vamos a hacer, porque dinero no hay para ejercer esos derechos en el marco normal de la salud mental. Para mi desde esa experiencia si ha habido una necesidad para sobrevivir de la autogestión, porque una desconfía, sabemos que estamos fotografiadas, identificadas, que toda la información no se separa de las vulnerabilidades que una ya vive siendo disidencia, trabajadora sexual, siendo muchas cosas que te ponen en riesgo públicamente y privadamente.
Es un miedo insuperable que moldea el día a día (…) Sabes a lo que vas y también es bonito saber que vamos a seguir pudiendo, porque nos quiten lo que nos quiten no nos quitan las ganas, eso no tiene precio y es algo que ellos no tienen.
Definitivamente hubo un incremento en el consumo de marihuana, no quería hacer otra cosa más que dormir, estar pacheca. No quería comer, nos juntábamos entre las personas que habíamos estado el 5 de septiembre y recuerdo que la comunidad hacia comida o íbamos por tortas y no comía.
Recuerdo que peleaba mucho con mi pareja, sufrió mucho nuestra relación, no teníamos capacidad de darnos contención y ambas necesitábamos mucha contención. Creo que hasta hoy esa experiencia fue individual y la seguimos procesando individualmente.
Cuando voy por la vía pública me da miedo tener a los policías a mis espaldas (…) Me da miedo andar sin mis lentes, andar como vato, verme como hombre, por cómo me trataron esa noche. No me da pena o dismorfía mi cuerpo, pero si me da miedo como se me lee y las cosas que asumen de una por la cuerpa que tenemos.
Hay un enojo, una insatisfacción muy profunda, una sensación de que una no va a recibir justicia por la violencia que vive a manos del estado, pues entonces a la verga todo.
Una es una persona estudiante, académica y puedo teorizar, poner en palabras la violencia del estado, pero ya que un cabrón sienta que te puede pegar, violar, humillar, deshumanizar solo porque trae un puto uniforme que se tuvo que comprar el mismo, es una experiencia muy poco humana.
Es una tristeza que una encubre para no habitarla en el día a día. Por mucho que trato de no creer las narrativas del estado de quien soy, por cómo me veo o las cosas que decido hacer por mi convicción, es triste que una decide cuidarse o arriesgarse menos (…)
Es una realidad diferente, no soy la misma. Mis patrones de dormir son diferentes, ya no puedo dormir si no estoy pacheca, no recuerdo mis sueños cuando estoy pacheca así que fumo para no soñar, tengo pesadillas muy a menudo de violencia policial. Las veces que he vivido violencia policial durante este año solo ha aumentado.
Somos personas muy específicas a las que les toca soportas la cizaña del estado, la burla del estado, nos quieren convencer de que ese es nuestro rol en la sociedad, ser los juguetes de la policía, las putas de la policía, las pendejas de la policía.
Da miedo, una se tiene que acordar de 200 caras, de ojos, porque tenían toda su cara enmascarada y ellos saben quiénes somos. Da tristeza considerar el cortarte el pelo para que no te agarren de ahí, para que no te reconozcan, una valorar cuánto vale mi pelo, que decido tenerlo a pesar de ser una vulnerabilidad en manos del Estado. Sentir que tengo que hacer ejercicio para poderse defender, y saber que hay otras personas que no van a poder hacer eso.”
Testimonio de Tori Karnala
Los tres casos tienen elementos comunes: la violencia fue premeditada y ejecutada de manera organizada; los agresores actuaron con impunidad, en coordinación o tolerancia con las autoridades; las víctimas fueron seleccionadas por su perfil político, social, corporal y de clase; y las consecuencias van mucho más allá del momento de la agresión. No se trató solo de golpes, sino que han derivado en miedo, el quiebre de relaciones afectivas, la baja en la continuidad política de quienes luchan.
Rescatar los testimonios de la violencia y sus repercusiones, busca visibilizar que existen otras consecuencias diferentes y más duraderas que las lesiones físicas. Reflexionar acerca de la violencia del Estado a partir de los daños que genera más allá de lo visible, las profundas heridas emocionales que las personas tienen que sobrevivir, sin que el aparato de justicia haya podido hasta ahora reparar en lo mínimo a las víctimas, no sólo de este hecho, sino de las múltiples violaciones a los derechos humanos que se viven en todo el mundo día con día.
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Animal Político, “La lucha por nuestro pueblo no es delito”: vecina enfrenta denuncia por reabrir biblioteca pública en Xochimilco, https://animalpolitico.com/estados/biblioteca-xochimilco-san-gregorio-vecina-criminalizacion
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