El 2025 representó un periodo de profunda reflexión, transformación y reafirmación de nuestra esencia. Si bien en los últimos tiempos el espacio cívico ya se encontraba sumamente limitado para las organizaciones de la sociedad civil —como señalamos en nuestro informe anterior—, el año que recién termina se volvió aún más desafiante.
El recorte del financiamiento proveniente de Estados Unidos tuvo un impacto directo y significativo en nuestra organización, así como en el ecosistema global de los derechos humanos. A ello se sumó un efecto indirecto: un panorama filantrópico más reducido, con menos fondos disponibles, mayores exigencias y una competencia más intensa entre organizaciones.
Frente a este escenario, en lugar de retraernos, decidimos detenernos. Hicimos una pausa estratégica para reflexionar con honestidad sobre nuestras prioridades, metodologías y el horizonte institucional. Nos preguntamos: ¿dónde generamos mayor impacto?, ¿qué necesita actualmente el movimiento de los derechos humanos?, ¿cómo sostenemos una justicia verdaderamente centrada en las personas en un contexto adverso?
