Las olvidadas: Mujeres dentro del sistema penitenciario

Por: Andrea Velarde López, pasante del programa de Sistema Penitenciario y Reinserción Social de Documenta

La Torre Médica de Tepepan es un hospital ubicado en el Centro Femenil de Readaptación Social en Tlalpan, este espacio recibe a hombres y mujeres de reclusorios del Distrito Federal para ser atendidos.

En un inicio se veía al Hospital como una gran innovación a nivel América Latina, actualmente dista mucho de serlo. Hombres y mujeres han sufrido malos tratos y negligencias médicas que incluso les han llegado a costar la vida. No es de sorprender las malas prácticas dentro este espacio cuando, incluso afuera, en los hospitales públicos, las negligencias médicas están a la orden del día. A pesar de que familiares de los internos han levantado denuncias en la comisión de Derechos Humanos no se les han dado el seguimiento requerido.

Durante un tiempo pude visitar a un interno en el hospital, lo que me permitió conocer un poco más del sistema. En la Torre Médica el horario de visitas es limitado, a diferencia de los reclusorios. Los familiares solo pueden visitar a sus internos de las once de la mañana a la una de la tarde. Las visitas tienen que pasar por cuatro filtros antes de poder ver a sus internos. El custodio nos comienza a dejar entrar uno por uno a las once en punto. Regresaron a un Señor, por traer una playera azul, por ser un color no permitido en la Torre y lo mandan a rentar una playera con los custodios de la caseta. Lo anterior es sólo un ejemplo de cómo en la cárcel todo funciona con dinero y todo puede volverse un negocio.

En el segundo filtro hay un letrero que te invita a no formar parte de la corrupción, lo cual contrasta de manera irónica con la custodia que esta insinuando que deberíamos llegar a un arreglo para que puede pasar con un libro. Al ver que no cedo, la custodia me deja pasar con la advertencia de que será por única ocasión.  De los dos elevadores en la Torre, sólo funciona uno como casi siempre sucede. “Vengo a ver a mi hija, está embarazada. Ella es inocente, se juntó con un mal hombre. La policía la agarró porque estaba con él cuando lo detuvieron. Toda la familia le ha rogado que declare que ella no hizo nada, pero él dice que como se aman pasaran por esto juntos”, me dice una señora en el elevador. En México muchas mujeres cumplen condenas por crímenes que cometieron sus familiares o parejas sentimentales y son declaradas cómplices. Detrás de cada persona privada de la libertad hay una historia que la sociedad desconoce.  En el piso dos, el grupo se separa, la mayoría va a la sección de hombres y sólo dos señoras se dirigen a la de las mujeres.

Las mujeres representan el 5 % de la población penitenciaria en México, al ser un porcentaje menor, en contraste con los hombres, ha sido un sector invisibilizado. Gran parte de los reclusorios femeniles en nuestro país son mixtos y no cuentan con una correcta separación, lo que llega a causar muchos problemas como prostitución y extorsión.

Por ejemplo, en el Centro de Readaptación Social Santa Martha Acatitla existe una red de trata de personas, de ahí llevan a mujeres a la Penitenciaría para prostituirlas.  En esta red de trata de personas participa tanto el personal penitenciario, como internas e internos. Los y las periodistas que han intentado investigar sobre el caso han recibido amenazas de muerte por parte de los custodios, es por eso que no es un tema muy conocido por la opinión pública.

Fuera de los centros penitenciarios, se exige la justicia, la seguridad y el fin a la violencia en contra de la mujer; pero nos olvidamos de las mujeres privadas de libertad que se encuentran en un estado muy vulnerable. Si se quiere erradicar la trata de personas, se debe empezar por las prisiones, desmantelando las organizaciones que llevan a cabo esta práctica y que operan por medio de la corrupción.

En cada habitación en la Torre Médica de Tepepan hay seis camas. También hay privados para las internas con un estado de salud más delicado o que tengan alguna enfermedad altamente contagiosa. Las principales enfermedades que se atienden en la Torre Médica son diabetes, VIH, fracturas y lesiones. También se practican cesáreas y partos. Hay vidas que comienzan detrás de las rejas sin haber cometido ningún delito.

Las mujeres privadas de su libertad tienen derecho a embarazarse y a tener a su hijo o hija con ellas, dentro de la prisión.

Estos son “niños invisibles”, así se les llaman a los niños y niñas que nacen en prisión y no son considerados en ningún presupuesto. Anteriormente no existía una ley que determinara hasta que edad los niños podían permanecer en prisión con sus madres, ni cuál era la responsabilidad del sistema penitenciario con ellos.  En el 2016 entró en vigor la Ley Nacional de Ejecución Penal que regula la maternidad detrás de las rejas y la situación de los “niños invisibles”. En esta ley se busca reconocer a los niños y niñas que se encuentran viviendo en las cárceles de nuestro país. La Ley Nacional de Ejecución Penal establece que los niños y niñas podrán permanecer con sus madres hasta los tres años. Sin embargo, varios centros penitenciarios no cuentan con la infraestructura para otorgarles a los niños una vida digna ni siquiera durante este periodo de tiempo.  Por otra parte, no existe un conteo oficial sobre el número de menores que están viviendo con sus madres dentro de prisión. El no tener idea de la cantidad de menores que forman parte de la población de las prisiones hace imposible la tarea de cubrir sus necesidades. Los niños y niñas detrás de las rejas siguen permaneciendo invisibles para el gobierno y la sociedad.

La Torre Médica de Tepepan ha visto llegar a muchos bebés al mundo. Muchas madres entran a prisión estando embarazadas, mientras que otras llegan a concebir detrás de las rejas. En ciertas cárceles existen las visitas interreclusorios, lo que permite formar una familia aun estando privados de su libertad. Cuando las madres están cercanas a dar a luz son llevadas al hospital.  Su traslado a la Torre implica un cambio a su rutina y un gasto. Es mentira que todos los gastos de las personas privadas de la libertad son sustentados por nuestros impuestos. A pesar de ser en un hospital público, Carmen tuvo que pagar ochocientos pesos por los viáticos de los guardias, la gasolina de la camioneta y un dinero extra por si había alguna complicación en el nacimiento de su hija. A los pocos días de haber dado a luz, la madre, con su bebé, regresan al reclusorio a una zona especial de maternidad, en el caso que exista una. Madre e hijo regresan a una pequeña celda que tienen que compartir en algunos casos con hasta cinco reclusas.

Para poder mantener a sus hijos dentro de prisión las mujeres se ven en la necesidad de trabajar, sobre todo porque en la mayoría de los casos no cuentan con el apoyo de personas afuera. El desarrollo del niño o la niña que vive en prisión con su madre se ve afectado por el ambiente dentro.  A pesar que dentro de un penal puedan vivir varios niños, no hay oportunidad para que los menores sociabilicen entre ellos por la naturaleza de segregación de las cárceles. Los “niños invisibles” pasan la mayor parte del tiempo con sus madres, incluso llegan a estar presentes durante las visitas conyugales lo que puede ocasionar consecuencias en su desarrollo.

La mayoría de los menores que nacen detrás de las rejas, lo único que conocen del mundo es lo que existe dentro de prisión. Distintos tonos de grises y otros colores apagados son lo que pueden ver los niños invisibles durante sus primeros años de vida. Solo algunos niños afortunados llegan a conocer el exterior antes de salir de prisión para siempre. Las internas que cuentan con una red familiar de apoyo llegan a permitir que sus hijos salgan por algunos días con sus visitas, dejando de esta manera que sus hijos puedan conocer el exterior.

Los menores crecen en un ambiente violento que no cuenta con lo necesario para su óptimo desarrollo. El acceso a la educación es otro problema al que se enfrentan los niños y niña dentro de prisión. No todos los niños participan en las actividades académicas que los centros de reclusión ofrecen, por otra parte, una vez que salen de la cárcel no se les da un seguimiento. El gobierno debe aplicar cambios dentro de las prisiones para que no se violenten los derechos de los niños y niñas que viven en estas.

Las mujeres privadas de la libertad que ejercen la maternidad se enfrentan ante una situación imposible de afrontar estando solas.  Hay mujeres que crecieron en familias disfuncionales, algunas que están solas sin ninguna clase de apoyo y otras que tienen sentencias de hasta doscientos años. ¿Cómo ser una buena madre dentro de prisión?. Para las internas lo único que tienen a su alcance para ser madres es su propia experiencia familiar, lo que lleva en muchos casos a repetir prácticas violentas que desde su perspectiva aparentan ser las opciones más lógicas. Aunque algunas prácticas se puedan llegarla a tachar de salvajes y crueles, tienen que considerar que ellas están repitiendo lo que aprendieron de su familia ¿Cuántas madres en el exterior no recurren a prácticas o recetas inútiles para el bebé solo porque fueron recomendadas por algún familiar?  Las internas, a diferencia de las mujeres del exterior, no cuentan con el internet o un especialista que las oriente en cómo deben criar a sus hijos. Las mujeres hacen lo que pueden con lo poco que la vida les ha dado.

La sororidad es un concepto que puede ser entendido como la hermandad y solidaridad entre mujeres. Mujeres diversas, con condenas desde tres hasta doscientos años, con hijos, sin hijos, solteras o con pareja, heterosexuales, homosexuales son las que se encuentran dentro de prisión. A pesar de las grandes diferencias, la mayoría está en la misma situación: el abandono. Mientras que en las prisiones de los hombres, en los días de visita se llegan a ver grandes filas, en el caso de las mujeres son pocas las que tienen personas que las vayan a ver con frecuencia. Promover la sororidad dentro de prisión es una forma de que las mujeres cuenten con redes de apoyo mientras se encuentren privadas de su libertad.

Marta, por ejemplo, que a pesar de haber cumplido su condena hace un año, continúa viniendo a la prisión. Ella fue una de las mujeres que me llamó la atención desde el primer filtro, fue con una sonrisa en el rostro y en un tono familiar se dirigió a todos los custodios. Marta no se olvida de las hermanas que hizo en la cárcel y tampoco de lo difícil que puede llegar a ser no tener visitas, por eso ella asiste, para que sepan que no están solas.

La vida de una mujer privada de su libertad no es fácil. En situaciones de abandono es difícil que logren ver más allá de las cuatro paredes en las que están encerradas.  La  hermandad que se crea entre las reclusas, es lo que les ayuda a sobrevivir en la cárcel.

Es necesario que los casos se juzguen desde una perspectiva de género, hay muchas cosas que se deberían tomar en cuenta al dictar sentencia, hay mujeres inocentes, cuyo delito fue amar a un hombre que delinquía, hay otras que son culpables, porque decidieron matar antes de permitir que alguien les hiciera daño a sus hijos o hijas, hay otras que, al verse en esta situación,  tendrán que aprender a compartir su maternidad, porque se tiene que repartir la responsabilidad cuando sabes que tienes doscientos años de condena y solo tendrás a tu hijo por tiempo completo los primeros tres años.

Varias clases de mujeres se pueden encontrar en prisión, sin embargo la mayoría han sido olvidadas por aquellos que las amaban y se enfrentan a la privación de su libertad solas, olvidadas, porque ser mujer y cometer un crimen no llega ser perdonado tan fácilmente por esas personas que creías que se quedarían contigo toda la vida.

 

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