El COVID-19 avanza en el mundo… y en sus cárceles

Por Romina Vázquez Barba, colaboradora del programa de Sistema Penitenciario y Reinserción Social de Documenta

Los centros de reclusión nunca serán ajenos a las problemáticas sociales que se viven al exterior, por el contrario, dentro, éstas tienden a agudizarse y la emergencia sanitaria que atravesamos actualmente no es la excepción.

Ante la crisis por COVID-19 en el mundo, los sistemas penitenciarios de varios países han tomado medidas para contener al virus. Y aunque, por supuesto, existen particularidades, la constante es una: la lógica del confinamiento dentro del confinamiento, que ha provocado afectaciones de gran importancia a las personas privadas de la libertad y trabajadores de estos centros, entre otros aspectos, en su salud mental.

Entre la suspensión indefinida de visitas, de las actividades recreativas, educacionales y servicios terapéuticos las personas privadas de la libertad han tenido que reducir el contacto social al mínimo y se encuentran alejadas de su red de apoyo.

Aunque instancias internacionales, como la ONU, han emitido estándares y recomendaciones para el COVID-19 en centros de reclusión, los mecanismos de protección dentro de los penales distan de ser lo suficientemente eficaces para aminorar su propagación e impacto, comenzando con las medidas de distanciamiento social, imposibles de llevar a cabo conforme a lo indicado por instancias de salud debido a las condiciones de hacinamiento en reclusión.

¿Cómo podría ser factible este distanciamiento en celdas que están al doble o triple de su capacidad?

En al menos 125 países las cárceles están sobrepobladas, lo que aumenta el peligro. Cárceles como la de Villavicencio, en Colombia y la Institución Correccional Marion en Ohio, Estados Unidos presentan esta situación. En México, de acuerdo con cifras del INEGI, el 37% de las prisiones tienen sobrepoblación.

Sobre esa misma línea, acciones tan cotidianas y necesarias para asegurar el bienestar al interior del centro, ahora son focos de contagio por estar situadas en áreas comunes, por ejemplo: el uso de teléfonos públicos, regaderas, comedores y zonas de acondicionamiento físico.

La situación empeora cuando eres un caso positivo. En prisiones como la de Buerdeos, en Canadá, se practican estrictos aislamientos “médicos”: debes permanecer en tu celda hasta las 24 horas al día, no tienes permitido bañarte, la duración de las llamadas que realices debe ser máximo de 5 minutos y se te priva de los medios de entretenimiento más comunes, como la televisión, lectura, etc.

Este aislamiento a largo plazo no sirvió para evitar la muerte de personas reclusas. De hecho, estudios han demostrado que el aislamiento empeora los efectos de la salud mental en sólo tres días.

Por otro lado, si la atención médica en las prisiones no cumple de forma satisfactoria con los estándares internacionales de acceso a la salud, ni éstas se encuentran equipadas para brindar los cuidados paliativos necesarios y, aunado a eso, escasean los artículos de higiene básica para evitar transmitir la enfermedad como jabón, gel antibacterial, cubrebocas, etc. Se vuelve preocupante la situación de las personas privadas de la libertad que viven con enfermedades crónico-degenerativas, inmunosupresoras y cardiovasculares previas.

En Inglaterra, una investigación sociocientífica demostró que se ha reportado un alarmante incremento de cuadros depresivos, trastorno de estrés postraumático, ansiedad social, paranoia y trastornos de sueño en las personas recluidas, consecuencia directa de las nuevas medidas restrictivas y punitivas para salvaguardar a la población penitenciaria del Covid-19.

Una de las soluciones propuestas a corto plazo y que ya se ha aplicado en diversos países -aunque sólo ha sido aplicado el 5 por ciento de la población penitenciaria-, consiste en preliberar a algunas personas privadas de la libertad con el fin de despresurizar las cárceles, posibilitar que haya más espacio y reducir, en la medida de lo posible, la circulación del virus.

Human Rights Watch (HRW) publicó un catálogo de los candidatos recomendados: aquellas personas que hayan cometido delitos menores o no violentos, que estén cerca del término de su condena, que sigan en prisión preventiva y no tengan sentencia (mientras no representen un riesgo mayor), aquellas que se encuentren médicamente vulnerables, así como también personas mayores, mujeres embarazadas y niños. Sin embargo, a pesar de que esta alternativa contribuye positivamente a una descarcelación urgente y necesaria, si no viene acompañada de un plan de reinserción social para la persona liberada, su efectividad no será la esperada a largo plazo.

En México, entidades como Ciudad de México, Estado de México, Coahuila, Oaxaca, Chiapas y Chihuahua han preliberado a personas haciendo uso de la Ley Nacional de Ejecución Penal (LNEP).

Es fundamental que los centros penitenciarios posibiliten las condiciones sanitarias para mantener una higiene adecuada y proporcionen los servicios médicos necesarios a las personas que están bajo su custodia.

Las personas recluidas con enfermedades críticas que no han sido liberadas, deben ser revisadas periódicamente y sujetas a las atenciones hospitalarias que recibiría cualquier persona en libertad. Se deben desinfectar superficies y objetos con frecuencia, asegurar que toda la población penitenciaria cuente con equipo de protección certificado y reforzar la ventilación para evitar la congestión del COVID-19.

Igualmente, se deben implementar mecanismos para el manejo de estrés y ansiedad, así como seguir brindando atención personalizada a quienes presenten afectaciones a su salud mental antes mencionadas.

La atención a la salud mental no puede suspenderse temporalmente, más bien tiene que adaptarse a los nuevos formatos de convivencia.

Las personas privadas de la libertad, sin importar fronteras, deben ser atendidas con dignidad ya acorde con el marco internacional de derechos humanos durante la pandemia por COVID.

 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *