Nada Sobre Nosotras Sin Nosotras

Las personas en situación discapacidad en tiempos de COVID-19

El siguiente texto es una colaboración de Elizabeth Patricia Pérez, mujer chiapaneca , defensora de derechos humanos y presidenta en Amor Sin Fronteras A.C. que se reivindica como persona en situación de discapacidad. El texto es publicado en el marco de la campaña #NadaSobreNosotrasSinNosotras, que busca promover y hacer notar la participación de mujeres con discapacidad en la esfera pública y la defensa de sus propios derechos.

Existe un sector de la población que sigue siendo marginado y excluido ante esta contingencia del COVID-19: las personas en situación de discapacidad. Una población que se enfrenta a esta crisis sanitaria en condiciones de vulnerabilidad acentuadas por una histórica discriminación.

Ejemplos de estos rezagos o maneras de ejercer la discriminación en Chiapas, y en los 126 municipios que la conforman, son los siguientes: 

No hay información accesible en el Sistema Braille o en Lenguaje de Señas Mexicana LSM, que permita informar a las personas con discapacidad visual o auditiva de lo que está pasando, de la manera de cómo cuidarse o cómo los cuidadores primarios deben o deberán actuar ante esta pandemia.

No obstante, podríamos hablar de un pequeño paso hacia la inclusión, ya que en el Estado se han sacado los cuadernillos de información acerca del COVID-19. Éstos se encuentran traducidas en las diferentes lenguas originarias del Estado, pero, no se trata de materiales que cuenten con accesibilidad para quienes presentan alguna  discapacidad en dichos poblados. 

A pesar que a finales del mes de abril, se dio a conocer la guía de intervención para personas con discapacidad ante la emergencia del COVID-19, la Secretaría de Salud del Estado de Chiapas encabezado por el Dr. Luis Manuel Cruz Castellanos  ha pasado por alto estas recomendaciones, por lo que en Amor Sin Fronteras A.C presentamos el pasado 22 de mayo una queja ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos, por todas estas omisiones, y para visibilizar que no todos podemos acceder a la información oportuna de lo que acontece. 

Otro claro ejemplo de discriminación, ahora en materia de educación,  es la implementación de las clases virtuales para niños y niñas. Esta acción ha resultado de imposible acceso para quienes presentan una discapacidad, y evidentemente, el gobierno nacional y estatal no ha implementado mecanismos para que aquellos niñas y niños en situación de  discapacidad continúen con el proceso en el que se encontraban previo a dicha contingencia,  ¿a poco estos niñas y niños no son tan importantes como quienes no tienen discapacidad?; ¿en Chiapas,  cuántas familias  cuentan con una computadora adaptable con un lector de pantalla para las y los niños con discapacidad visual?,  ¿o cuántas de las clases  se están interpretado con LSM?, además que la educación para estas niñas y niños no puede ser generalizada, cada uno de ellos, tiene un ritmo diferente aunque hablemos de un grupo de niñas y niños con la misma limitación, por lo cual, es necesario, implementar mecanismos y considerar si la familia cuenta con los recursos o materiales para el trabajo desde casa.

Por otra parte, hemos dicho que la pobreza genera discapacidad y a su vez, la discapacidad genera más pobreza: ¿Cuántas personas en situación de discapacidad habrán dejado de laborar ante la contingencia? Y esto, si es que se encontraban laborando, puesto que simplemente basta revisar las estadísticas que reflejan que sólo un pequeño porcentaje de personas en situación de discapacidad trabajan en instancias públicas, y no vaya a creer usted que es un trabajo bien remunerado, ¡claro que no!, es un salario que sólo alcanza a ser empleado para medicamentos, consultas, rehabilitaciones, pago a cuidadores primarios, transporte, porque para variar, los espacios inaccesibles, llenos de baches nos obligan a ello. 

Ahora bien, para quienes no trabajan por tener una discapacidad, la situación se complica. Decir que se está haciendo algo a favor de las personas en situación de discapacidad por una beca de dos mil 620 pesos entregados de manera bimestral no soluciona la raíz del problema, sino por lo contrario, pareciera ser insulto. Es necesario brindar oportunidades laborales que permitan darnos las posibilidades de ser autosuficientes y reflejar que una discapacidad no discapacita nuestras habilidades. 

A pesar de que existen diversas políticas públicas que pretenden “favorecer” a las personas en situación de discapacidad, éstas siguen quedando en el discurso, en retórica, en tanto que distan de ponerse en práctica,  pareciera ser que estamos retornando al siglo XV donde si nacías con una discapacidad, tu destino sería la muerte, por no considerarte productivo para la sociedad, ahora, en pleno siglo XXI, las circunstancias no han cambiado, sigue siendo lo mismo, a diferencia de que nos asesinen, hoy nos invisibilizan, se olvidan de nuestras necesidades, equivalente a un genocidio justificado en las “diferencias”, traducido en una muerte civil. Quizás el gobierno tanto estatal como local, pensarán que cómo somos “personas especiales”, no nos infectaremos de COVID-19, que ésta contingencia no nos afecta.

   En Chiapas, en términos de salud, ya lo he comentado, la exclusión se hace presente. Es imposible pensar que habrá un protocolo sobre cómo manejar la situación o apoyar a las personas en situación de discapacidad ante el COVID-19. En nuestro estado difícilmente se encuentra centros hospitalarios accesibles y ante una emergencia como lo es la pandemia peor aún. Es imposible pensar que ahora sí sabrán cómo conducirse hacia las personas en situación de discapacidad.  Es comprensible que no todas y todos son expertos en el manejo hacia la discapacidad, sin embargo, esto no descarta que se busquen los mecanismos para poder atender e informar a esta población.

Es necesario reflexionar y replantearse que ante una emergencia como lo es el COVID-19, los procesos de intervención no deben ser generalizadas, sino por lo contrario, se deben implementar estrategias de intervención acorde a los contextos, y que éstos no sigan invisibilizando a las personas en situación de discapacidad, en especial a las mujeres en esta condición, las cuales, seguimos siendo las más violentadas en éste y en otros momentos.

Considerar una perspectiva de discapacidad y género ante lo que está sucediendo resulta hoy más que nunca necesario para no seguir excluyendo a quienes de manera sociohistórica hemos sido excluidos-as.

#NadaSobreNosotrasSinNosotras


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