Meditación: Herramienta útil para las personas privadas de la libertad

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Actualmente existen diversos programas de capacitación dirigidos a las personas privadas de la libertad. En México, cada centro penitenciario ofrece diferentes programas, los cuales van desde talleres de manualidades, hojalatería, carpintería, mecánica y gastronomía hasta talleres de uñas de acrílico y peluquería. Sin embargo, son pocos los centros que ofrecen programas dirigidos al acompañamiento emocional y mental de las personas privadas de la libertad, más allá del apoyo psicológico que se da en cada uno de las prisiones mexicanas.

En este sentido, hay algunas organizaciones que ofrecen programas para disminuir los niveles de estrés y  manejo de emociones a partir de diversas técnicas de meditación, dirigidos a personas privadas de la libertad.

Existen varias técnicas de meditación, algunas utilizan posiciones corporales y sonidos para llegar a estados de calma, mientras que otras utilizan la respiración para entrar en conciencia con el cuerpo y los pensamientos que constantemente surgen. La meditación va mucho más allá de “poner la mente en blanco”, en realidad la meditación nos permite observar lo que realmente está pasando en nuestras mentes, sin juzgar, es reconocer cómo nos sentimos en la situación que estamos actualmente atravesando.

La meditación tiene un impacto en varios niveles, por lo que debería ser una herramienta considerada dentro de los programas que ofrecen los centros penitenciarios. En un nivel personal, ayuda a que las personas estén presentes y atentas a las acciones y consecuencias de las mismas. Mientras que a un nivel social, también tiene un impacto, debido a que al reducir el estrés, también transforma  la forma en como nos relacionamos con las personas y situaciones que nos rodean.

Asimismo, en la publicación realizada por el Banco Mundial “Fin a la violencia en América Latina” se afirma que la meditación tiene un impacto a nivel cerebral, lo cual no solo reduce el estrés, sino que también reduce los impulsos de violencia que surgen: “Los beneficios no son solo psicológicos (en la forma de un mayor bienestar, menor estrés, etc.) sino también físicos, y se traducen en alteraciones en la estructura del cerebro.”

Considerando las condiciones en las cuales viven las personas privadas de la libertad, la meditación les permite observar los impulsos violentos que surgen y tomar conciencia de las acciones que realizan y las consecuencias de las mismas.

Karen Westerman, quien desde el 2011 empezó a impartir el curso RAS (respiración, agua y sonido) y el programa Prision SMART (Stress Management and Rehabilitation Training) de la Fundación el Arte de Vivir, en diversos centros penitenciarios en México (Islas Marías, Reclusorio Norte, San Fernando, CEVASEP y en el Centro de Prevención y Readaptación Social Santiaguito)  afirma que la meditación permite que las personas privadas de la libertad puedan tener una experiencia nueva y diferente, en donde pueden sentir relajación y paz. Lo cual impacta en ampliar su perspectiva y visión, permitiendo que tengan más creatividad y encuentren soluciones a los problemas que se enfrentan cotidianamente. La meditación permite que dejen de  sentirse en un constante estado de amenaza y tener auto confianza. Al transformar su mente y pensamientos, también se transformaran sus acciones e impulsos

Por otro lado, sería importante pensar en la posibilidad de que el personal de los centros penitenciarios también tenga acceso a esta herramienta, ya que, si las personas actúan desde un espacio de calma y quietud, perciben diferente a quienes les rodean. Y esto al final tendrá un impacto positivo en el trabajo que realizan cotidianamente en los centros penitenciarios y en la forma en que se relacionan con las personas privadas de la libertad.

Por Sofía González Talamantes, de Documenta.

 

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