Entrevista a Kenya Cuevas: visibilizando a las mujeres trans en contextos de prisión

Entrevista a Kenya Cuevas, activista por los derechos humanos, fundadora de Casa de las Muñecas Tiresas, A.C. y colaboradora con EQUIS: justicia de las mujeres, cuenta parte de su historia y experiencia fuera y dentro de prisión.

¿Quién es Kenya?

Tengo 23 años viviendo públicamente con VIH, y en prisión estuve en un área de personas con VIH: el dormitorio 10.

Pero todas tenemos una historia antes de eso…

Fui niña de la calle desde los nueve años que me salí de casa, y empecé a ejercer el trabajo sexual después de que murieron mi abuela y mi hermana, que eran las que me protegían de las burlas y los malos tratos de mis hermanos. En esos años, el Parque Solidaridad era un área donde se prostituían menores de edad.

Ser trabajadora sexual me orilló a entrarle a las drogas para poder tener clientes. Y haber caído en drogas también empeoró mi situación de calle, lo hizo todo más difícil.

Privada de la libertad, usuaria de drogas, con VIH y trabajadora sexual. Yo he pertenecido a todas las poblaciones con las que ahora estoy trabajando. Yo creo que sí se puede ayudar a todas estas poblaciones. Lo que más se necesita son redes de apoyo y acompañamiento.

¿Cómo comenzó tu activismo?

Las personas en la cárcel con VIH no son atendidas por ningún especialista, el tratamiento se lo dan parejo a todas las personas y eso es contraproducente. Las personas con VIH, ahí adentro, se morían rápido. Diario, llegan personas con VIH y diario se mueren, no fuimos más de 25-30 personas en Santa Marta del 2000 al 2008.

Logré contactarme con Andrea González, directora de Clínica Condesa, y comenzamos a denunciar.  Después mucho trabajo, la clínica condesa entró a atender a las personas con VIH, y ahora las personas con VIH están viviendo: ya no sólo tienes la opción de la muerte.

Trabajé con mis redes: las trabajadoras sexuales. Hicimos modelos de prevención para implementar directamente en la calle.

Trabajé como activista 12 años desde la cárcel. Sin embargo, presenciar el transfeminicidio de mi compañera Paola me cambió toda la vida. He crecido demasiado a partir de ese suceso que ha sido el motor para poder impulsar toda esta lucha y la construcción de Casa de las Muñecas Tiresias, A.C.

En Casa de la Muñecas trabajamos prevención de VIH, las vinculaciones con los servicios de salud, también a trámites de documentos esenciales como las actas o las credenciales de elector. Trabajamos con distintas poblaciones, personas con adicciones, en situación de calle, con VIH, privadas de la libertad y trabajadoras sexuales.

“Kenya, si te enfermas, no te deja sola. Si te mueres, te entierra”, dicen las compañeras con las que trabajo.

¿Cómo es la situación de las mujeres trans en prisiones?

Es difícil vivir en una prisión de hombres porque vives con el sexo opuesto. Cuando estuve en la cárcel, presencié y viví muchas violaciones. El hecho de ser trans, te hace acreedora a las labores domésticas en prisión. Por ejemplo, cuando llegué, quien movía el  dormitorio pidió que me mandaran a su estancia, donde me decía que era “su mujer”. Yo no lo quería ni quería estar con él, pero también tenía mucho miedo de decirle que no. La violencia también es otro aspecto difícil: te golpean, te avientan piedras, no puedes vivir plenamente. También te niegan el acceso laboral para que puedas generar tus propios ingresos. Incluso respecto de los trabajos informales.

Cuando entré, nadie hablaba de derechos humanos. Las quejas tampoco servían. nadie nunca te atendía. En la actualidad, la atención tanto de la Comisión como de los Consejos es muy deficiente.

¿Qué te habría gustado aprender dentro de la prisión y que te fuera útil una vez que saliste de prisión?

Sobre todo, me habría gustado tomar algún taller acerca de proyectos de vida. Actualmente en prisión, es difícil pensar en un proyecto de vida cuando no sabes en qué momento te toca salir de ahí. Planear algo sola es muy difícil, pero sería diferente si tuviéramos ayuda profesional. Muchas veces, incluso no te queda más que decir “ya estoy aquí, vivo con VIH, pues mejor dejo que pasen los días”. Y te la pasas esperando a que pase el tiempo.

Creo que las autoridades deben tener en cuenta que hay mucho tiempo para trabajar y apoyar a las personas que están en prisión, pero no lo hacen. No había un taller de vinculación con la sociedad para una vez que sales. No había absolutamente nada. Yo siempre lo dije: cuando llegas a la cárcel, te meten ahí y arréglatelas como puedas. Para mí, el proyecto de trabajo que presentan las autoridades es una vil mentira. Yo lo viví.

Fotografía de desastre.mx

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