Justicia Restaurativa en Ejecución Penal

comunidad. Manos de diferentes personas entrelazadas

En el sistema de justicia, las y los jueces revisan las pruebas que les presentan y, finalmente, deciden si una persona es culpable o inocente de lo que se le acusa. Generalmente a una persona encontrada “culpable” se le impone una “pena”, que puede ser una multa y/o el envío a prisión por un tiempo determinado, además de la obligación de reparar el daño a la víctima, en algunos casos.

Sin embargo, esto no necesariamente resuelve el problema para las personas, no solo me refiero a quienes sufrieron el daño sino a quienes lo causaron, así como a quienes les rodean: familiares, amistades, gente de su colonia, trabajo o escuela, es decir, la comunidad.

La justicia restaurativa intenta cubrir las necesidades de las personas, incluso cuando ya hay una sentencia (y se dice que el sistema “funcionó”). Aquí no es una tercera persona quien decide lo que tiene que pasar para que las cosas se resuelvan, sino que son las mismas personas involucradas las que toman las decisiones. Se parte del reconocimiento de la ofensa o delito por la persona que lo cometió, así como el poder escuchar a la gente afectada (a quienes se les da voz) y reflexionar sobre el daño causado.

La Ley Nacional de Ejecución Penal habla de dos tipos de procesos restaurativos: Programas de encuentro y Programas individuales.

Programas de encuentro: se refiere a los que implican una preparación individual, seguida por un encuentro entre la persona que cometió el delito y quien lo sufrió directa o indirectamente. Hay distintas metodologías, puede ser que se reúnan solamente la persona que causó el daño y la que lo sufrió, puede ser que también se incorpore a algunos familiares y amistades en un grupo un poco más amplio que también pueden hablar de lo sucedido y a otras personas de la comunidad. Esto puede ser en persona o de manera indirecta, es decir, a través de una carta, un video, alguien que les represente o cualquier otra forma que permita esta comunicación.

Primero se hace una evaluación del caso, luego sesiones de preparación individual con todas las personas que participarán (una o varias, las necesarias para cada una). La participación es confidencial y voluntaria. Una vez que se les reúne, cada quien explica lo sucedido desde su punto de vista y la afectación sufrida.

Finalmente, se toman decisiones sobre cómo debe repararse el daño. Esto puede significar el pago de alguna cantidad, la devolución de algún bien, disculpas, trabajos en favor de quien sufrió el delito o de la comunidad u otras maneras distintas en que cada persona se puede sentir reparada lo más posible por la situación que vivió.

Se busca que la necesidades de todas puedan satisfacerse (de la víctima o familiares, de la comunidad y también de la persona ofensora, es decir, atender en este último caso a las causas del delito).

Esto se hace con el apoyo de una persona que debe estar capacitada para facilitar estos encuentros y cuidando la seguridad. Para un mejor funcionamiento y mayor impacto de estos procesos, debe contarse con redes de apoyo que puedan colaborar en problemáticas más profundas, como adicciones, enfermedades, falta de medios de subsistencia, etc.

Programas individuales: aquellos en los que se trabaja solamente con una de las partes en que la justicia restaurativa se enfoca: ofensor, víctima o comunidad. En las prisiones, lo más común es que al hablar de programas individuales de justicia restaurativa el trabajo será con las personas que cometieron los delitos, aunque depende de lo que cada prisión haga.

Hay programas restaurativos de distintos tipos (y también programas que no son restaurativos como los de salud, deporte, trabajo, pero que en algún momento también pueden combinarse con programas restaurativos).

Los programas restaurativos individuales, pese a que todavía se utilizan poco en México, pueden ser de gran ayuda para que las personas privadas de la libertad hagan reflexiones sobre el daño que causaron, así como “reparaciones simbólicas”, al no estar presente la víctima u otras personas afectadas, estos compromisos se hacen hacia la comunidad en general o personas en específico, aunque no estén presentes.

Pese a su poco uso y a la poca investigación del tema (sobre todo en nuestro país), podemos tomar como referencia el programa “Determinación para detener la violencia” de la Prisión de San Francisco, California, que inició en 1997.

Sobre los resultados, el Dr. James Gilligan hizo una investigación sobre algunas personas que entraron al programa y otras que no, para comparar lo que pasaba con ellas después de salir de prisión. Encontró que quienes estuvieron en el programa por 16 semanas tuvieron un 82.6% menos de detenciones posteriores por violencia que quienes no lo estuvieron y vivían en contextos similares.

Aunque en los pocos programas que tenemos en México falta mucha investigación y no suele invertirse lo que en otros países se invierte, afortunadamente las Leyes Nacionales (Ejecución Penal y Justicia Penal para Adolescentes) contemplan esta posibilidad.

Lo importante ahora es impulsar estos programas y que nuestro gobierno se decida a invertir un poco en ellos, pues esto beneficia no solamente a quienes pasan por ellos, sino a las víctimas, sus familias, amistades y, en general, a todas las personas que vivimos en este país y que día a día nos abruma más la violencia.

La justicia restaurativa no es la panacea, pero es una vía pacífica y respetuosa de los derechos de las personas, a quienes dota de voz en un sistema que, generalmente, se las quita.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *