Mujeres que visitan a sus familiares caminan hacia la entrada del reclusorio sur en ciudad de méxico.Foto: Alejandro Aguilar / Milenio

Mi normalidad

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Nuestras normalidades han cambiado a partir de la pandemia por COVID-19. En el caso de mi vida hay una cosa que no cambia: cada sábado voy a un reclusorio y visito a una persona privada de la libertad.
En la imagen, un hombre joven está acostado en el piso, boca arriba. A un costado tiene una bicicleta y, al otro, una computadora, u celular y su mochila. Todos los objetos tabmién están en el piso. Él está sonriendoFoto: Pixabay

Recuperar la confianza (y la esperanza)

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Mientras que por un lado la sociedad estigmatiza y desconfía de las juventudes que estuvieron en conflicto con la ley, ellas y ellos imprimen un gran esfuerzo con nuevos enfoques para su reintegración. Urge eliminar estigmas y cumplir con nuestra responsabilidad social de reintegrarnos.

Privatización de las cárceles en México: negocio jugoso

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Por Lucía Alvarado, Coordinadora del Centro Integral de Atención…